domingo, 12 de febrero de 2012

1 - Una situación inesperada

Estaba durmiendo y de repente ya no.
Son dos y uno me amenaza a voz en grito, no le miro, pero le oigo moverse, siento como acerca su cara a la mía y huelo su aliento. Mayonesa.
A estas horas de la mañana, pienso, porque sé que es por la mañana. El otro susurra, compórtate, le dice al que grita, y su voz apenas se escucha, o ¿no ves que le estás asustando? Huele a colonía antigua, de esa profunda, dulce. Tampoco le miro.
Me ofrece un cigarrillo y niego con la cabeza.
Si, hombre, me dice, fuma.
No se puede, le contesto, está prohibido.
Aquí no, insiste, y oigo el ligero abrirse de la cajetilla..
Pero el otro da un golpe en la mesa. ¡Como fume le parto la cara!
No tomo el cigarrillo. Me río para mí. Hace ya dos años que no lo hago. Ya ni tengo mono. Para el cáncer le digo con mi pensamiento.
El que vocifera me acusa de haber matado a G. ¿Porqué lo has hecho?, me grita su boca a dos palmos de mi nariz.
Sé que estoy llorando, de miedo, y que tiemblo. Tengo las manos cruzadas bajo mi barbilla, como si rezara. ¿Y si lo hiciera? Lo estoy haciendo, señor, señor, que me dejen estar, que me dejen estar...
Colonia profunda le dice a Mayonesa que no, que se equivoca, que G está vivo. Que le ha visto por la mañana, o esa mañana, o esta mañana, no entiendo bien cuando, que día, saliendo de el Corte Inglés.
No puede ser, les digo, G se ahorcó hace por lo menos diez años, les digo sin levantar la mirada. Sé que ellos me observan, que han vuelto sus caras hacia mi. Guardan silencio y les repito lo mismo. Colonia profunda ríe suavemente: No, no, bromeas. Y yo que no, que lo sé.
Este cabrón ha matado a G, me acusa Mayonesa. Trato de explicarles, pero no me salen las palabras, solo a medias, unas si, enteras, pero otras cortadas, y silencio, hipo, sollozos también.
Bueno, vale, me dice Mayonesa ahora con suavidad, ¿donde has metido el cadáver?
Tengo que pensar porque no lo recuerdo, tal vez todavía cuelgue de la cuerda. Guardo silencio. Colonia Profunda me pone una mano en el hombre y la otra en el cogote. Me da unas palmaditas como collejas. Venga, vete a casa, me invita. Hablaremos más tarde.
Me encierran en la celda. Cierro los ojos. No siento miedo, frío si. Estoy en pijama. Vuelvo a cerrar. Señor, señor, que no encuentren el cuerpo de G...